El codo de tenista y el codo de golfista son afecciones de los tendones del antebrazo que pueden causar dolor al agarrar, levantar objetos o mover la muñeca. El codo de tenista suele provocar molestias en la parte externa del codo; el codo de golfista, en la interna. Pueden afectar a personas que no practican estos deportes.


El uso excesivo de los músculos y tendones del antebrazo puede generar una sobrecarga progresiva en la región del codo. Cuando esta sobrecarga afecta principalmente a los tendones situados en la parte externa, puede desarrollarse el codo de tenista. Si compromete los tendones de la parte interna, puede aparecer el codo de golfista. Ambas afecciones pueden provocar dolor, sensibilidad y dificultades para realizar determinadas actividades cotidianas.
Los movimientos repetitivos de la muñeca, la mano y el antebrazo pueden aumentar la tensión sobre los tendones que se insertan en el codo. Actividades como utilizar herramientas, levantar objetos, practicar deportes de raqueta o realizar tareas que requieren agarres constantes pueden favorecer la aparición de estas molestias, especialmente cuando no existe una adecuada recuperación entre esfuerzos.
El codo de tenista y el codo de golfista pueden presentarse en personas adultas de distintas edades. La capacidad de los tendones para tolerar esfuerzos depende de diversos factores, entre ellos la carga de actividad, la recuperación y las características individuales.
En algunos pacientes, el dolor aparece de manera gradual, sin que exista una lesión específica o una actividad claramente relacionada con su aparición. Esto puede deberse a una combinación de factores, como cambios en la capacidad de adaptación de los tendones, cargas acumuladas y características individuales. Una evaluación fisioterapéutica permite identificar posibles factores contribuyentes y establecer un tratamiento adaptado a cada paciente.
En ENFOQUE 360° evaluamos la movilidad, la fuerza, las actividades que desencadenan el dolor y la tolerancia de los tendones a la carga. A partir de esta valoración diseñamos un plan fisioterapéutico individualizado que puede incluir educación, adaptación temporal de actividades y ejercicios progresivos para mejorar la fuerza y recuperar la función del brazo. La evolución y las necesidades de cada paciente determinan el tratamiento.
Los síntomas suelen empeorar con la actividad del antebrazo, como sostener una raqueta, girar una llave o apretón de manos. El brazo dominante suele verse más afectado; sin embargo, ambos brazos pueden perjudicarse.